Vent de una Gen Z en el fin del mundo
María Magallanes Madrid
Según TikTok, la generación Z va a dominar el mundo en los próximos años (o ya lo está haciendo, depende del video que veas) y las cosas van a cambiar para todxs. La lucha social está más fuerte que nunca; la frase mamadora de Benito Juárez “el respeto al derecho ajeno es la paz” va a dejar de ser algo que memorizamos como focas para ser algo realmente trascendental; "estamos en contra del calentamiento global y somos amigxs de los seres vivos". Viéndolo así, cualquiera diría que somos la mejor generación, por el amor de Dios, ¡Malala es Gen Z!, pero ¿por qué estoy tan cansada si yo no he hecho nada importante? ¿Por qué no puedo pararme de mi cama y meterme a bañar? ¿Por qué, sabiendo que soy una persona privilegiada y que tengo mínimo algunos recursos para hacer o decir algo, me quedo callada, compadeciéndome de mí misma y odiándome por hacerlo?
A veces siento que nacimos con una especie de deuda que nadie nos explicó pero que, de alguna manera, ya tenemos que pagar. Como si, por haber nacido en una generación que tiene acceso a tanta información automáticamente, tuviéramos que saber qué hacer con ella.
Sabemos del cambio climático, sabemos de las guerras y genocidios, sabemos de las crisis económicas, sabemos que hay personas que no tienen acceso a cosas básicas, sabemos que probablemente nunca vamos a tener una casa, sabemos que el planeta se está yendo lentamente a la mierda y, aun así, se supone que tenemos que levantarnos a las ocho de la mañana, contestar correos, hacer ejercicio, tener una opinión política bien fundamentada, cuidar nuestra salud mental, reciclar, leer libros, producir algo, ser creativxs, tener una relación sana, ahorrar dinero y, además, tener una personalidad interesante para subirla a Instagram; todo esto mientras intentamos descubrir cómo se paga el recibo de la luz.
La verdad no conozco la respuesta a ninguna de mis dudas y eso me hace preguntarme el porqué estoy yo viva; yo y no alguien más, alguien que sí podría cambiar al mundo y no tendría mis delirios ni mis locuras, y también hace que me cuestione si algo en lo que creo que soy buena vale la pena, digo, ¿lo hago porque me han dicho que soy buena y espero algo de eso? Lxs mejorxs escritorxs del mundo no esperaban nada, a lo mejor esa es la clave, pero si la clave es no esperar nada ¿qué le dices a la gente que te rodea? ¿Ahora eres una nihilista que piensa que es bohemia? Porque también existe esta presión rarísima de tener que hacer algo extraordinario para justificar que estamos aquí, parece que ser una persona común ya no es suficiente. No basta con escribir porque te gusta escribir, tienes que publicar un libro, ganar un premio, cambiarle la vida a alguien y, si es posible, dar una entrevista diciendo que escribes desde los seis años; no basta con estudiar, tienes que convertir tu carrera en una marca personal; no basta con trabajar, tienes que amar lo que haces y convertir tu pasión en emprendimiento y, si no tienes una pasión, preocúpate, porque aparentemente todo el mundo en TikTok tiene una misión de vida menos tú. Hasta descansar parece que tiene que tener un propósito, como si dormir ocho horas fuera una inversión para ser más productivx al día siguiente y no simplemente dormir porque tienes sueño.
Y entonces aparece la culpa, porque, además de todo, tenemos la maravillosa capacidad de sentirnos culpables por estar mal. “Tengo techo, comida y acceso a educación, entonces no debería estar triste”, como si la tristeza funcionara con una tabla de Excel y antes de sentir algo tuvieras que comprobar si eres suficientemente desgraciadx para merecerlo. Y claro que reconocer nuestros privilegios importa, claro que hay problemas que tenemos que enfrentar y cosas que podemos hacer por otras personas, pero eso no significa que tengamos que dejar de sentirnos mal porque alguien más tiene una vida peor. A veces parece que, para tener derecho a estar cansadxs, primero tenemos que demostrar que hicimos suficiente, como si descansar fuera un premio que se gana después de haber salvado al mundo. [Y creo que toda esta presión tiene algo que ver con que hablamos cada vez más de salud mental, porque sí, hay muchísimas razones por las que una persona puede llegar a sentirse tan mal que ya no quiera seguir aquí y no creo que una sola explicación pueda abarcar algo así] Pero sí me pregunto cuánta gente ha pasado años sintiendo que no es suficiente, que no está haciendo lo que debería o que su vida no tiene el valor que imaginaba que tendría. ¿Cuánta gente que pudo haber hecho algo increíble se fue sin saberlo? ¿Cuánta gente que pudo haber escrito algo hermoso nunca lo hizo porque estaba demasiado cansada? ¿Cuánta gente que pudo haber ayudado a alguien, hecho una película, pintado un cuadro, cuidado a un animal o simplemente haber tenido una vida bonita se quedó pensando que todavía no era suficiente para empezar a vivirla? Y obviamente nunca vamos a saberlo, porque no existe una lista de todas las personas que pudieron haber cambiado algo y simplemente no llegaron a hacerlo. Y eso me hace pensar que quizá hemos convertido la idea de “potencial” en otra forma de presión, porque todo el tiempo nos dicen que podemos ser lo que queramos, que tenemos posibilidades infinitas y que nuestra generación tiene las herramientas para cambiar las cosas, pero nadie nos dice que también está permitido no saber qué hacer con esas herramientas. Tener potencial no significa tener la obligación de utilizarlo todo el tiempo y quizá no todxs vamos a cambiar el mundo, qué cansancio pensar que tenemos que hacerlo. Tal vez algunas personas van a escribir libros que serán estudiados durante cien años y otras van a escribir cosas que sólo leerán tres personas, tal vez algunas van a convertirse en presidentes, científicxs, artistas o activistas, y otras simplemente van a trabajar, tener amigos, enamorarse, cuidar a sus gatos y ver televisión los domingos.
También hemos confundido mucho la importancia con la visibilidad, porque si algo no se publica, parece que no existe. Si no tenemos una foto haciendo algo, un texto explicándolo o un video contando nuestra experiencia, parece que nunca ocurrió, pero hay cosas que no necesitan convertirse en contenido para tener valor. Cuidar a una persona, escuchar a unx amigx, hacer bien nuestro trabajo, ayudar a alguien que lo necesita o simplemente intentar no convertirnos en una persona horrible también son pequeñas formas de cambiar algo, aunque no vayan a aparecer en un documental de Netflix ni nos den veinte mil likes.
Y, aunque no cambiemos ninguna mierda, ¿no merecemos ser felices? Realmente nos lanzan a este mundo esperando que hagamos cosas cuando sólo somos personas con miedo al rechazo, personas que queremos caer bien, que queremos que nos quieran, que queremos que nuestros padres estén orgullosos, que queremos gustarle a alguien, que queremos escribir algo bueno y que alguien lo lea. Personas que a veces tienen miedo de mandar un mensaje porque sienten que están molestando, que no saben qué quieren hacer con su vida y que pueden pasar tres horas acostadas viendo TikTok porque levantarse parece una tarea gigantesca. ¿Cómo se supone que vamos a cambiar el mundo si a veces nos da miedo pedir una cita con el dentista? Y tampoco quiero terminar esto con la típica frase de que “cada pequeña acción importa” porque siento que eso lo hemos escuchado mil veces y además parece comercial de Coca-Cola. Hay días en los que genuinamente siento que nada de lo que hago tiene importancia y probablemente no existe una frase motivacional capaz de arreglarlo, pero quizá tampoco tiene que arreglarse inmediatamente. Tal vez vivir no consiste en encontrar una razón enorme para justificar nuestra existencia, tal vez no somos personajes de una novela y no todxs tenemos un destino perfectamente escrito, una misión, un arco narrativo y un final digno de aplausos, tal vez somos solamente personas haciendo cosas, equivocándonos, enamorándonos, cambiando de opinión, desperdiciando tardes enteras y de vez en cuando haciendo algo que sí importa.
Y si algún día hacemos algo grande, qué bonito, si escribimos algo que alguien recuerde, si ayudamos a alguien, si conseguimos cambiar aunque sea una pequeña parte de nuestro entorno, perfecto, pero quizá no deberíamos necesitar eso para sentir que merecemos estar aquí. Porque si para tener derecho a vivir necesitamos demostrar que vamos a cambiar el mundo, entonces estamos poniendo una condición bastante injusta para algo que nadie nos preguntó si queríamos aceptar. Nadie pidió nacer y, aun así, aquí estamos, tratando de entender qué hacemos con todo esto mientras vemos TikToks de personas de nuestra edad que aparentemente ya encontraron su propósito, compraron una casa en Nueva York y descubrieron cómo hacer masa madre.
Quizá mi generación no va a salvar al mundo, quizá sí, la verdad no tengo idea. Pero por ahora me gustaría pensar que también podemos ser una generación que aprenda a dejar de odiarse por no estar haciendo suficiente, que podamos reconocer nuestros privilegios sin convertirlos en una razón para castigarnos, que podamos querer hacer algo bueno sin sentir que tenemos que convertirnos en mártires y que, incluso si un día no hacemos absolutamente nada, podamos levantarnos de la cama, bañarnos, comer algo y pensar que eso también cuenta. Porque quizá estar vivx no debería ser un examen que tenemos que aprobar y quizá, por una vez, estar aquí puede ser suficiente.






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