Mi experiencia viendo Club Sandwich por primera vez
María Magallanes Madrid
El día es martes, son las dos de la tarde, el clima está calientito, agradable, y yo, como buena morra chida cool girly pop, decido ver qué hay de nuevo en MUBI y pues ¿qué creen? Me topé con una película que desde hace tiempo se me antojaba ver y de la cual fui teniendo variadas opiniones conforme avanzaba, así que, como dice Ibarreche: ¡spoilers!
Club Sandwich es una película del 2013 dirigida por Fernando Eimbcke (sí, el mismo de ese video de la Cineteca) y protagonizada por María Renée Prudencio, Lucio Giménez Cacho y Danae Reynaud. En ella conocemos a Paloma y a su hijo Héctor, quienes pasan unos días de vacaciones en un pequeño hotel de playa; sus días transcurren prácticamente igual: desayunan juntxs, juegan, comen y platican, estancadxs en una rutina donde sólo existen ellxs dos, hasta que llega Jazmín, otra huésped del hotel, con quien Héctor comienza una relación que está entre la amistad, el coqueteo y el descubrimiento de su sexualidad.
Viendo esta película me la pasé muy raro.
Durante la primera media hora sentí que no pasaba nada en absoluto, incluso llegué a pensar que quizá la historia tardaba demasiado en arrancar, pero, mientras seguía viendo, entendí que precisamente esa era la intención; Fernando Eimbcke apuesta por mostrar la cotidianidad en lugar de grandes acontecimientos, las conversaciones entre Héctor y Paloma son sencillas, a veces hasta repetitivas, y los silencios dicen mucho más que los diálogos. Conforme avanza la película, se empieza a sentir que algo cambió entre ellxs, aunque ningunx sea capaz de decirlo en voz alta: es evidente que madre e hijo ya no están viviendo la misma etapa, Héctor ya no es un niño aunque Paloma se aferre a esa idea, él comienza a mirar hacia otros lados y la llegada de Jazmín sólo acelera un proceso que probablemente ya había comenzado desde antes; no se trata tanto de un romance, sino del descubrimiento de una nueva forma de relacionarse con el mundo y con las personas de su edad.
Hay escenas que me hicieron sentir muy incómoda, y creo que esa incomodidad es completamente buscada.
La escena de las cartas fue una de las que más me llamó la atención; al principio parece un momento cualquiera entre madre e hijo, pero poco a poco empieza a sentirse una tensión muy extraña. Paloma intenta mantener esa cercanía que ha existido durante todas las vacaciones, mientras que Héctor ya tiene la atención puesta en Jazmín; la escena termina cuando él le pide a su mamá que salga del cuarto para poder quedarse con Jazmín a solas y, aunque no hay gritos ni una gran discusión, ese momento deja muy claro que algo se rompió entre ellxs, y que Paloma empieza a quedarse fuera del mundo de su hijo. A esta escena le precede una que me dio muchísimo cringe, cuando Héctor canta “Muerte en Hawái”; entiendo a la perfección por qué está ahí y creo que retrata muy bien esa torpeza adolescente de querer impresionar a alguien sin saber muy bien cómo hacerlo, pero no pude evitar verla con muchísima pena ajena, creo que todos hemos tenido algún momento así y justo por eso resulta tan incómodo de ver.
Por último, hablaré de la escena de la playa, que me pareció una de las más importantes de toda la película; ese paseo originalmente era un plan entre Héctor y Paloma, pero él decide invitar a Jazmín y desde ese momento queda claro que la dinámica ya cambió. Mientras Paloma entra al mar esperando compartir ese rato con su hijo, Héctor decide quedarse en la orilla con Jazmín y ambxs viven un momento de intimidad en el que ella lo masturba y que, obviamente, representa el paso de Héctor hacia una nueva etapa de su vida; mientras tanto Paloma permanece sola, esperando a un hijo que ya no está viviendo las vacaciones de la misma manera que ella. Me pareció una escena muy triste porque, sin decir casi nada, resume con precisión la distancia que poco a poco se va creando entre lxs dos; fue ahí donde cambió por completo mi forma de ver la película.
Antes de verla había leído varias reseñas y comentarios donde prácticamente todo el mundo odiaba a Paloma. La llamaban controladora, inmadura o egoísta, y yo esperaba terminar sintiendo lo mismo, sobre todo después de la escena en la que le pide a Jazmín que sería mejor que se fuera del cuarto del hotel (lo cual, está claro, fue una decisión impulsiva que nació del miedo y de los celos), pero lo que sentí no fue enojo, sino muchísima tristeza.
Nunca sentí que Paloma quisiera hacerle daño a nadie, lo que vi fue a una mujer intentando aferrarse con desesperación a los últimos momentos en los que todavía era la persona más importante para su hijo; sentí que durante mucho tiempo ellxs sólo se tuvieron lx unx a lx otrx y que esas vacaciones eran una forma de conservar una rutina que no podía durar para siempre. La llegada de Jazmín simplemente evidenció algo que ya ocurría: Héctor estaba creciendo. Por eso terminé empatizando mucho más con Paloma que con Héctor; entiendo que la película gira alrededor del despertar de un adolescente y del descubrimiento de nuevas experiencias, pero lo que más me conmovió fue el duelo silencioso que vive una madre al darse cuenta de que su hijo ya no la necesita de la misma forma. No justifico las decisiones que toma, pero sí pude comprender de dónde vienen.
Si bien tenía expectativas muy altas para Club Sandwich, creo que sólo no soy el público al que más le habla esta película, no porque me haya parecido mala sino porque terminé conectando con un conflicto muy distinto al que normalmente se comenta cuando se habla de este filme. Al final salí pensando menos en Héctor y mucho más en Paloma, me quedé dándole vueltas a esa sensación de querer detener el tiempo aunque sea imposible, de intentar conservar una etapa que inevitablemente tiene que terminar. Creo que esa fue la parte que más me movió y, aunque es probable que vuelva a verla dentro de unos años y mi opinión cambie, me gusta que una película haya logrado hacerme cuestionar mi propia forma de mirar a sus personajes; al final, esa también es una de las cosas más bonitas del cine.






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