De brujas a vampiros
Samantha González Núñez
Al llegar septiembre tengo la costumbre de comenzar a ver películas otoñales/halloweenescas para poder sentir que mi temporada favorita dura un poquito más. Así pues, este año inauguré la temporada con Sleepy Hollow (1999) de Tim Burton.
Sleepy Hollow es una adaptación del relato homónimo de Washington Irving y, como en toda adaptación, hay cambios; en este caso —y a diferencia del cuento— seguimos a un detective de Nueva York (Ichabod Crane) que ha sido mandado a Sleepy Hollow a resolver una serie de misteriosos asesinatos en los que las víctimas han sido decapitadas y sus cabezas no han sido encontradas. Al llegar al pueblo, Ichabod comienza a analizar las pistas a su alrededor convencido de que los relatos de lxs habitantes sobre un mercenario hessiano sin cabeza son nada más que leyendas y relatos de terror.
Acogido por la acaudalada familia Van Tassel, Ichabod se instala en un cuarto de la mansión y, con la ayuda del joven Masbath, un niño recién huérfano a causa de los homicidios, comienza a investigar y pronto descubre que existen elementos sobrenaturales en los cuáles debería comenzar a creer.
La investigación de Ichabod lo lleva al bosque que lxs pueblerinxs evitan a toda costa —debido a que se dice que está embrujado—; en él encuentra una cabaña donde una bruja le revela que el mercenario hessiano está siendo conjurado. Así, Ichabod, el joven Masbath y Katrina Van Tassel (la hija de Baltus Van Tassel, quien se ha unido de forma repentina a la investigación) se adentran más en el bosque y descubren un árbol que funge como portal entre dos mundos. En ese momento, el jinete sale del árbol y cabalga listo para cobrar la vida de su siguiente víctima.
Varios sucesos después, Ichabod descubre quién ha estado detrás de todo: Lady Van Tassel, anteriormente conocida como Sarah Archer. ¿Y por qué ha estado conjurando al jinete? Para vengarse de las personas que abogaron por el desalojo de su familia en el pasado.
La razón del porqué me encuentro escribiendo este artículo se debe a varios motivos ligados a la brujería expuesta en el filme. Verás, en la sinopsis que te cuento de seguro identificaste a dos brujas: la primera es la bruja del bosque que ayuda a Ichabod; la segunda, Lady Van Tassel. Sin embargo, la película presenta a dos más: Lady Crane (madre de Ichabod) y Katrina Van Tassel. Esas cuatro mujeres llaman mi atención por los desenlaces de cada una y —más allá de eso— por cómo son tratadas en 1799, año en el que transcurren los eventos.
Las brujas de Sleepy Hollow
Comenzaré por Lady Crane, cuya información es casi nula y de quien sólo sabemos a través de los recuerdos y sueños de Ichabod. Durante las ensoñaciones de su hijo, se le ve a ella haciendo florecer un capullo en la palma de su mano y levitando en medio de un jardín mientras un joven Ichabod la contempla sorprendido. Lo siguiente que sabemos de ella es que muere a manos de su esposo, encerrada en una Dama de Hierro.
Después tenemos a Katrina Van Tassel, quien le regala su libro A compendium of spells, charms and devices of the spirit world a Ichabod como una forma de protección. Además, cuando este se enfrenta por primera vez al jinete y se desmaya por el susto, es llevado a la mansión Van Tassel para descansar y recuperarse; como ayuda extra para su mejoría, Katrina le prepara un brebaje con plantas y una pata de cuervo. Tras más sucesos sobrenaturales y homicidios, Katrina actúa a favor de Ichabod dibujando bajo su cama un pentagrama de protección contra el mal de ojo, y traza otro mientras su padre es asesinado por el jinete.
Por último están las hermanas Archer, Sarah y Mary, hijas del matrimonio Archer, una familia de trabajadores antiguamente al servicio de lxs Van Garrett, la familia más rica de Sleepy Hollow en su momento. De forma repentina, lxs Archer son desalojadxs de la pequeña cabaña que habitaban para favorecer el asentamiento de una nueva familia de trabajadores (lxs Van Tassel). Tras el despojo, la familia se refugia en el bosque, pero el enfermo padre de las niñas, muere poco después. La madre les enseña algunas nociones de brujería, pero al poco tiempo también fallece, tras ese suceso el destino de ambas es completamente diferente, Mary se convierte en la bruja del bosque y Sarah se presenta en el pueblo como la nueva enfermera, dispuesta a cuidar a la enferma Lady Van Tassel. Tras la muerte de esta, Baltus Van Tassel toma a Sarah Archer como esposa. Como mencioné anteriormente, Sarah, resentida por el desalojo de su familia, decide invocar años más tarde al jinete para cobrar venganza contra todos los implicados en aquel despojo.
Ante la presentación de las brujas, naturalmente se destaca el cómo vive cada una su realidad. Por un lado está Lady Crane, asesinada por su esposo tras manifestar su magia; por el otro, aquellas que residen en Sleepy Hollow, quienes parecen habitar de manera mundana en medio de otros sucesos sobrenaturales que hacen de su existencia algo normalizado.
Las brujas del siglo XVIII y XIX
Al decir “brujas”, retomo a la idea clásica por la cual las mujeres eran acusadas: ser parteras, médicas, curanderas, adivinas y sabias; sumado, claro, al sesgo moderno de poseer cualidades mágicas inexplicables para la razón y la ciencia. Todos estos adjetivos corresponden, en mayor o menor medida, a las mujeres de Sleepy Hollow y, aunque es cierto que sólo una de ellas muere a causa de lo que parece ser una manifestación de la histeria colectiva del siglo XV, el destino y trato que reciben las demás es distinto.
La caza de brujas terminó a finales del siglo XVII porque, como señala Silvia Federici, “para esa época la clase dominante gozaba de una creciente sensación de seguridad en relación con su poder y no porque hubiese surgido una visión del mundo más ilustrada”. A esto se sumó el temor de la propia élite al ver que las persecuciones comenzaban a salirse de control y a apuntar a las clases acomodadas. Así, para el siglo XVIII, “la intelligentsia comenzó incluso a sentirse orgullosa de la ilustración que había adquirido, segura de sí misma continuó re-escribiendo la historia de la caza de brujas, desestimándola como un producto de la superstición medieval”.
Vale la pena mencionar que este “progreso” de razón y ciencia no tardó mucho en cruzar al otro lado del charco. Para 1799, la cacería de brujas era ya en Estados Unidos el recuerdo de una histeria traída desde el “viejo mundo”.
Al estar investigando para poder escribir este artículo, me encontré con que suele afirmarse que la cacería de brujas concluyó porque la ciencia y la razón triunfaron sobre la ignorancia; sin embargo, en realidad terminó porque, tras siglos de persecución, cruzadas y genocidios, la transición al capitalismo se consolidó. Así pues, una vez reestructurado el orden económico y disciplinado, el cuerpo de las mujeres —además de ligar toda su producción al beneficio de sus esposos o, en su defecto, del Estado—, la brujería dejó de ser una amenaza al sistema y pasó a convertirse en un chisme.
The (new) monster of the week century
Se puede decir que las brujas de Sleepy Hollow son elementos característicos del pueblo que logran mimetizarse en su entorno, en gran medida, porque otros eventos sobrenaturales de mucho mayor impacto (cough cough jinete) terminan por robarse la atención. Es por eso que la bruja del bosque, aunque alienada de la comunidad, no es perseguida por practicar magia; Katrina tiene por hobby lecturas que antiguamente la hubieran llevado a una muerte espantosa; y Lady Van Tassel, aun cuando es descubierta en medio de marcar a la siguiente víctima del jinete, su acto es ignorado (aunque quizás influye el hecho de que ella y la víctima estaban en pleno —como se dice en Los Sims— woohoo).
Siguiendo esto, propongo una teoría. La baja de interés por las brujas, más allá de ser la conquista del capitalismo y la razón, responde también al surgimiento y redescubrimiento de otro ente sobrenatural: lxs vampirxs.
Al traer el vampirismo al centro, no quiero decir que lxs vampirxs no existieran antes, sino que, durante el auge de la cacería de brujas, no había mal más grande que una bruja y la naturaleza indomable de esta. Por ejemplo, Erzsébet Báthory, aristócrata húngara acusada de torturar y asesinar a numerosas doncellas para obtener su sangre y bañarse en ella (dicen por ahí que bebía la sangre de estas pero no fue confirmado), fue acusada de prácticas de magia negra y murió emparedada en sus aposentos. Esto demuestra que no existía una histeria social más grande que la de las brujas; al menos no hasta que una nueva figura vino a ocupar ese lugar.
Para este punto, he de ser sincera, aunque vislumbraba una teoría en crecimiento, no podía dar en el clavo, hasta que mi amiga Ele pensó pensamientos y me ayudó a encontrar la pieza faltante de este rompecabezas. Verás, si la brujería respondía a la naturaleza y los conocimientos que surgían a partir de ella —conocimientos que las mujeres por años habían dominado, recurrido y confiado—, tras las piras y conquistas y haber criminalizado sus saberes, la medicina pasa a ser una profesión masculina, dejando de lado a las mujeres a las que por derecho les había pertenecido (y sí, digo derecho porque ¿quiénes mejor que ellas, que gestan vida, para saber cómo tratarla?) ¿A qué responde el vampiro? Pues a que el siguiente gran reto capitalista y patriarcal fue dominar la muerte e instrumentalizar el miedo a ella para forzar la producción de capital. Pero, ¿cómo puedes hacer eso si en países de Europa del Este esporádicamente se daban a conocer casos inexplicables donde se contaba que alguien había regresado de la tumba y bebía sangre de transeúntes?
Aunque estos casos fueron resueltos rápidamente al exhumar cuerpos y clavarles una estaca al corazón o quemarlos, el alza del mito del vampiro se puede entender desde tres frentes. El primero responde a las inhumanas condiciones laborales de la época, donde el trabajo en minas y fábricas provocaba lesiones diarias, brotes de viruela, tétanos, difteria, etc. Esta alta tasa de mortalidad sembró un pánico colectivo que, paradójicamente, vino acompañado de una romantización de la muerte; el segundo frente apela a la fantasía emancipadora de la clase trabajadora donde la idea de no morir —o, en su defecto, revivir libre de enfermedades—, resultaba muy atractiva al imaginarla como vía de escape del yugo capitalista, después de todo, un cuerpo inmortal no responde ni depende de mercancías del sistema para alimentarse, no sufre de agotamiento y, por lo tanto, es libre y autónomo; por último —y quizás la más amenazante para el orden establecido— radica en el temor de la clase acomodada. Si la riqueza de la élite depende de extraer la vitalidad de trabajadores cansados y dependientes de ellxs, un cuerpo autónomo amenaza su deseo de una voraz acumulación. Así pues, el miedo de la burguesía radica en perder el control de la mano de obra.
El nuevo monstruo del siglo XIX sería el vampiro —así como en el siglo XX lo sería el zombi—. Las brujas, como histeria colectiva, quedaron en el pasado y, cómo vemos en Sleepy Hollow, las brujas existen al margen de la sociedad, leen compendios y grimorios y son libres de practicar magia porque gran parte de su saber ancestral fue aniquilado en la gran cacería, y la naturaleza, hasta hace poco indomable, fue conquistada y subordinada. Creo que no es coincidencia que la imagen de América se haya construido como señala Federici, a partir de “una mujer desnuda reclinada que invitaba seductoramente al extranjero blanco que se le acercaba”. Sometida la naturaleza y dominado el cuerpo femenino, el siguiente gran miedo del sistema sería lo que regresa de la tumba.
Incluso el mismo Jinete sin Cabeza, que tanto atemoriza al pueblo, comparte algunos rasgos de la nueva histeria. ¿Exagero al decir que se puede dar una lectura anticapitalista al hecho de que los objetivos del jinete sean los mayores exponentes del sistema en el pueblo?: Baltus Van Tassel, el terrateniente y principal acaparador de tierras; Thomas Lancaster, el doctor ilustrado que desplazó a Beth Killian, partera del pueblo; James Hardenbrook, el notario que manipuló los libros para despojar a la familia Archer; y Samuel Philipse, el magistrado que ignoró y escondió el crimen.
En fin, esa es mi teoría. ¿Qué opinas?
Nota de Sam :)
Shoutout a las lecturas universitarias (Federici); por fin terminé de leer el libro y otro a Ele, porque me dio un insight valiosísimo.
Y por último, fun fact, en American Horror Story hay un personaje basado en Báthory. Byee.
Fuentes
Federici, S. (2010). Calibán y la bruja: Mujeres, cuerpo y acumulación originaria (V. Hendel y L. S. Touza, trads.). Traficantes de Sueños. (Obra original publicada en 2004).
McNally, D. (2011). Monsters of the market: Zombies, vampires and global capitalism. Brill, https://www.abertzalekomunista.net/images/Liburu_PDF/Internacionales/McNally_David/Los%20monstruos%20del%20mercado.%20Zombis%20vampiros%20y%20capitalismo%20global%20-K.pdf
Wikipedia. (s. f.-a). Bruja. En Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado el 20 de septiembre de 2026, https://es.wikipedia.org/wiki/Bruja
Wikipedia. (s. f.-b). Brujería. En Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado el 20 de septiembre de 2026, https://es.wikipedia.org/wiki/Brujer%C3%ADa
Wikipedia. (s. f.-c). Vampiro. En Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado el 20 de septiembre de 2026, https://es.wikipedia.org/wiki/Vampiro






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