La representación del poder en la trilogía de Knives Out
Elena C. Flores Corona
La primera vez que vi Knives Out (2019), o Entre navajas y secretos, fue en 2023, cuando nos dejaron de tarea verla para la clase de Taller de Guionismo en la uni. No sabía nada del filme, pero me pareció muy grato encontrarme con una película de misterio con la premisa clásica del “¿quién lo hizo?” (en inglés whodunit) situada en la actualidad; experimenté la misma satisfacción cuando vi hace poco más de un mes Glass Onion: a Knives Out Mystery (2022) y Wake Up Dead Man: A Knives Out Mystery (2025). Y es que la trilogía escrita y dirigida por Rian Johnson no sólo se distingue por hacer un buen uso de los recursos propios de la novelas de misterio —como las protagonizadas por Hercules Poirot y Sherlock Holmes—, sino que también resalta en el género por ser una serie de filmes que ofrece una crítica bastante directa hacia los sistemas que predominan en muchas de las sociedades actuales. En este artículo no me dedicaré a repasar a detalle los enredos y enigmas de las tramas, sin embargo, sí habrá menciones específicas a partes clave de las tramas y hacia algunos de los temas centrales de cada filme. Como no quiero arruinarte ninguno de los misterios, te recomiendo que, si no has visto la trilogía, la veas antes de leer este artículo.
Primer acto: el insaciable apetito
Para empezar se encuentra la primera entrega que presta título al resto: Knives Out (2019). Esta sigue los pasos de Marta Cabrera, la enfermera personal del afamado escritor y ya retirado Harlan Thrombey, quien asimismo convive de cerca con la excéntrica familia de este. Ella tiene la rara condición de que le es imposible mentir sin vomitar inmediatamente, de manera que navega el misterio del imprevisto suicidio de Harlan con verdades incompletas. Una vez iniciado el caso, los papeles de cada personaje quedan bien definidos; Marta es hija de una mujer migrante, y si bien es tratada con respeto por la mayoría de los miembros de lxs Thrombey, la línea entre empleadorx y empleadx jamás desaparece de su relación. En este sentido, la película pone la diferencia de clase como un punto focal para el desarrollo de los eventos: ella es una joven perteneciente a la clase trabajadora, ellxs son lxs hijxs que se consideran herederxs del legado monetario y cultural de Harlan. Cuando el testamento del patriarca señala como única beneficiaria a Marta, los papeles se invierten, y la joven se halla con una fortuna inesperada que, sin embargo, no anestesia su sentido del bien y del mal.
A diferencia de lxs Thrombey, quienes están dispuestxs a amenazar, chantajear y hasta dañar a Marta con tal de obtener lo que consideran propio gracias al mito de la sangre, la enfermera no duda en hacer lo correcto, incluso si ello significa un riesgo inminente para su bienestar. Como señala Benoit Blanc, el brillante detective interpretado por Daniel Craig, las decisiones éticas de Marta sirven tanto para demostrar su carácter como para limpiar su nombre de cualquier sospecha. Al contrario de lo que podría pensarse, la situación y los antecedentes socioeconómicos de la protagonista no la transforman en una mujer dispuesta a todo con tal de hacer válida la herencia; por su parte, lxs Thrombey, enriquecidxs y dueñxs de un patrimonio significativo, demuestran una actitud voraz que casi cae en lo caricaturesco, si bien permanece sobre la línea de aquello que parece tan tonto que resulta repulsivo. De ahí Knives Out hace una crítica hacia lo absurdo de la acumulación incontrolable de recursos y hacia la necesidad de la ruptura del statu quo como medio para la reestructuración justa del mundo.
Segundo acto: el genio desenmascarado
La idea simbólica de una cebolla de cristal es el concepto central en Glass Onion (2022). La historia sigue al grupo de amigxs íntimxs —“los Disruptores”— del genio multimillonario Miles Bron, dueño de una empresa dedicada a la tecnología que busca innovar la industria de la energía con un combustible cuyo componente principal es el hidrógeno (elemento altamente inflamable). Benoit Blanc se inmiscuye en el misterio por solicitud de Helen Brand, la hermana gemela de Andi Brand, quien fue la mente maestra detrás de la compañía Alpha —y que fue traicionada por los Disruptores durante un juicio por la propiedad intelectual de esta—. Frente a las expectativas del propio detective y del público, el hombre de oro de la tecnología se desvela como una ilusión idéntica a la de la cebolla de cristal: Miles es un individuo con delirios de grandeza cuya condición de genio ha sido comprada con la riqueza de una fortuna arrebatada, y que está dispuesto a poner en riesgo a las personas con tal de que su combustible esté dentro del mercado.
El grupo de los Disruptores, por su parte, está conformado por figuras reconocidas de la política, la ciencia, la moda y las redes sociales; personas que, al igual que en la película anterior, tienen amplios recursos y reducidos escrúpulos. La lealtad en el grupo es inexistente, pues antes de considerarse amigxs, se observan como rivales por el favor de Miles, a quien, por cierto, también resienten. Desde su exposición clara de los motivos del variopinto grupo, la cinta demuestra una vez más la carroñización de las clases altas, capaces de destruirse entre ellas o a sí mismas antes de perder el estatus que, suponen, les diferencia del resto del mundo. Al final, Miles pierde el control del grupo no porque sus integrantes decidan admitir de buena gana el perjurio cometido durante el juicio por el derecho intelectual de la empresa, sino porque la verdad termina por estallar frente a los ojos de todxs, rompiendo en mil pedazos las capas aparentes de la cebolla. Frente a lxs falsxs disruptorxs, una deuda ineludible de muerte y mentiras se alza, exigente, para ser saldada.
Tercer acto: la tentación y el poder del odio
Por último, Wake Up Dead Man (2025) hace honor a su nombre al vincular la premisa misteriosa con cuestiones de fe. Aquí conocemos a Jud Duplenticy, un sacerdote con un pasado tumultuoso que vive su creencia en la religión católica como una oportunidad de predicar el perdón y la misericordia como la parte central de la doctrina de Jesucristo. Como antagonista a la visión de Jud está la reaccionaria presencia del monseñor Jefferson Wicks, un hombre con muchos secretos que guía a su parroquia con una mano dura, implacable y sin piedad ni aceptación por todo lo que considera una amenaza para su idea de la fe. Wicks es el heredero de la fortuna perdida de su abuelo, también un sacerdote, y su madre —que lo tuvo fuera del matrimonio— es considerada el epítome de la maldad y la perversión dentro de la comunidad (mito que, por cierto, él fomenta). Al desvelarse el paradero de dicha fortuna, los mecanismos de corrupción se repiten y, entonces, el crimen acontece.
El dinero representa la tentación y la fe, una herramienta instrumentalizada para mantener a lxs fieles más necesitadxs de cambio dentro de su zona de confort. Como Jud lo apunta, Wicks alimenta el odio dentro de su parroquia, haciéndoles pensar que son víctimas de las consecuencias de sus propios actos; su pastor, sin embargo, no está dispuesto a hundirse con su rebaño, pues la tentación de la Manzana de Eva representa la oportunidad de expandir el horizonte de su poder discursivo y ganar más seguidorxs. Al aproximarse al misterioso caso de asesinato en un cuarto cerrado, Blanc asume la perspectiva de Jud, y permite que el culpable admita su crimen en privado. El joven sacerdote le otorga la absolución, y los fantasmas del pasado se deshacen, librados de las narrativas que ciegamente los demonizaban o los santificaban. La solución, más que alinearse con las acusaciones tiránicas de Wicks, ocurre como un acto de constricción por años de dolor generacional.
La conclusión de los tres misterios
Como Benoit Blanc, hemos repasado las mecánicas detrás del crimen y hemos encontrado que las tres entregas de Knives Out emiten una crítica directa hacia la supremacía de las clases altas y sus extrañas y cuestionables formas de vida. Las tres fuerzas antagonistas de las películas se caracterizan como las contenedoras de un núcleo de poder ejercido a través del dinero o de la influencia, de la creencia en la jerarquía de una persona sobre otra; estas se enfrentan a la presencia de una persona que se demuestra la excepción a la regla, un personaje que rompe el canon de la moral corrupta del capital y que demuestra al público, con ayuda de Blanc, que es posible hacer lo correcto y que, sobre todo, existe una posibilidad de cambio a través de formas tan simples como la empatía hacia lxs demás.
P.D. Como nota curiosa para terminar el artículo, y siguiendo la tradición de Raquel, les quería preguntar qué detective de ficción serían si pudieran, o cuál es su favoritx. A mí todxs me parecen geniales, pero una vez María dijo que yo soy como Benoit Blanc, entonces me quedo con él.






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