El porqué Eva Stratt incomoda a la gente: un escrito sobre Hail Mary de Andy Weir
- hace 17 horas
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Samantha González Núñez
A finales de marzo vi Hail Mary, película que rápidamente se consagró como mi favorita. Muchísimos aspectos llamaron mi atención; de principio a fin, cada generalidad y cada minúsculo detalle me cautivó. Fue inevitable leer el libro en la que está basada.
Hail Mary es una novela escrita por Andy Weir de poco más de 500 páginas que entra en el género literario hard science-fiction, el cual se caracteriza por el rigor científico con el que se desarrolla la narrativa. Y sí, este tipo de libros me encanta en tanto se traten de temas que me gustan, y ¿Hail Mary? se desarrolla en el espacio, ¿cómo no podría fascinarme?
A la par de mi lectura me topé con infinidad de fanart y edits de la película y el libro; al entrar a los comentarios, de vez en cuando leía alguno acerca de las diversas opiniones que hay respecto a Eva Stratt, un personaje fundamental en el desarrollo de la historia. Quizás, debido a mi algoritmo, me encontraba del lado correcto de la discusión, donde entendían al personaje de Stratt como lo que es: uno bien desarrollado y sumamente complejo; sin embargo, estos comentarios también solían denotar cierta inconformidad con su versión en la adaptación de la película, argumentando que no es lo suficiente fría como lo es en el libro. Además de esos comentarios, yo sabía que, fuera de mi burbuja, había opiniones negativas sobre Stratt. Todo esto me hizo darle una sacudida a mi cerebro, aceitar sus engranajes y echarlo a andar.
Trama de Hail Mary
Antes de hablarte de lleno de este complicado personaje, te tengo que dar —aunque sea a grandes rasgos— un resumen del libro. Permíteme hacerlo.
El Sol está siendo consumido por unas pequeñas células que el biólogo Ryland Grace, protagonista de la novela, ha llamado astrófagos (devoradores de estrellas). Ante la situación, los gobiernos del mundo acuerdan ayudarse para encontrar una solución; esto, aclaro, no significa que los gobiernos sean buenas entidades, al contrario, se destaca que la cooperación se detendrá una vez la comida y los recursos comiencen a escasear, pero ¿por lo mientras? han dotado de un poder supremo a Eva Stratt, encargada del proyecto Hail Mary, una misión que busca salvar al planeta sin importar qué.
Grace, traicionado por Stratt, termina en un viaje suicida, con una amnesia inducida, a bordo de la Hail Mary, a millones de kilómetros de la Tierra, fuera de nuestro sistema solar y en camino hacia otro, donde estudiará a Tau Ceti e, planeta que demuestra ser una anomalía al no ser consumido por los astrófagos. Es un viaje sin retorno, pero él aún no lo recuerda.
Al estar analizando Tau Ceti e, Grace conoce a Rocky, una roca ingeniera alienígena que ha quedado varada porque su tripulación falleció en el viaje hacia Adrian (como Rocky bautiza a Tau Ceti e, en honor a su pareja). Rocky es sumamente inteligente pero no sabe cómo aproximarse a estudiar a los astrófagos ni mucho menos cómo encontrar una solución. Grace y Rocky, una amistad atípica pero que trasciende todo [a partir de aquí hay spoilers importantes], eventualmente logran encontrar la salvación para sus respectivos planetas y —saltándome muchísimas partes bastante emotivas y hermosas— Grace termina yendo a Erid, planeta de Rocky, donde pasará el resto de su vida.
Por supuesto, como Ryland Grace es el protagonista, la historia termina con él. Pero la información que Grace envía en las sondas con las que la Hail Mary se encontraba equipada tarda años en llegar a la Tierra, así que la historia no acaba en Erid, al menos, no del todo. Y Stratt, objeto de estudio para este concienzudo artículo, queda cargando el peso del mundo sobre sus hombros.
Eva Stratt, una Atlas moderna
Eva Stratt está dotada, como había dicho, de un poder supremo por encima de absolutamente todxs y todo en la Tierra. Todas las naciones partícipes de la ONU, bajo un voto secreto y unánime, la han elegido como representante del equipo Petrova y le han ordenado encontrar una solución ante el inminente fin del mundo.
Stratt es una mujer enigmática sobre la cual no tenemos demasiada información pues, después de todo, ella reconoce su insignificancia ante el macro panorama y no considera necesario hablar de sí misma; sin embargo, hay atisbos de quién es. Entre las cosas que sí sabemos está su lugar de origen (algún país europeo del que Grace falla en reconocer el suave acento con el que habla), su capacidad de comunicarse en varios idiomas y su título de historiadora. Además, conforme se desarrolla la novela, sus acciones dejan en claro que su presencia mueve masas.
A pesar de su influencia, ella sabe que sus días están contados y menciona que, cuando la Hail Mary esté camino a Tau Ceti, la encerrarán en prisión:
—Tengo curiosidad —le dije a Stratt—. Una vez que lancemos la Hail Mary. ¿Qué hará?
—¿Yo? —dijo—. No importa. Una vez que lancemos la Hail Mary, mi autoridad termina. Probablemente me llevarán a juicio por abuso de poder un montón de gobiernos cabreados. Podría pasar el resto de mi vida en prisión.
—Yo estaré en la celda de al lado —dijo Leclerc.
—¿Está preocupada por eso?
Stratt se encogió de hombros.
—Todos tenemos que hacer sacrificios. Si yo tengo que ser el chivo expiatorio para asegurar nuestra salvación, haré ese sacrificio.
(Weir, 2021)
La lista de cosas por las que pasará tiempo tras las rejas es vasta y creciente porque, en ocasiones, destruye a la Tierra con tal de salvar a la humanidad; un ejemplo de esto se da con el doctor Robert Redell, quien es culpable del asesinato (no premeditado) de otrxs siete científicxs y que acuerda ayudar con el proyecto cuando Stratt le ofrece reducir su condena en prisión. Él le propone a Stratt la forma más rápida de conseguir dos toneladas de astrófagos para potenciar la Hail Mary: asfaltar una cuarta parte del desierto de Sahara con paneles negros (que son, en palabras simples, granjas de producción de astrófagos).
Por supuesto, el papeleo gubernamental, los debates y todo lo que se tendría que realizar para llevar a cabo un crimen como ese serían eternos, pero, te recuerdo, Stratt mueve todo y con sólo una llamada hace que la producción industrial de China se enfoque en realizar los paneles y que los gobiernos de África no se entrometan.
El segundo ejemplo de cómo Stratt destruye al planeta para salvar a la humanidad es cuando Leclerc, el personaje que aparece en el fragmento de obra que te compartí, es convocado por Stratt para discutir cómo pueden conseguirle más tiempo a la humanidad. De acuerdo con los cálculos del climatólogo, la Tierra tiene un poco menos de dos décadas antes de que su población se reduzca a la mitad, y la Hail Mary tardará trece años en llegar a Tau Ceti y otros trece en entregar la información a la Tierra. Stratt sabe qué es lo que pasará una vez que la producción agrícola se desestabilice y, por esa misma razón, necesita ganar tanto tiempo como sea posible para encontrar cómo combatir a los astrófagos. Entonces, toma la decisión de crear una nueva capa de gases invernadero que logren mantener a la humanidad lo suficientemente cálida como para no morir:
—¿Una buena capa de gases invernadero podría hacernos ganar algo de tiempo? Aislaría la Tierra como una parka y haría que la energía que estamos consiguiendo durara más. ¿Me equivoco?
—¿Qué…? —tartamudeó Leclerc—. No se equivoca, pero la escala… y la moralidad de causar deliberadamente emisiones de gas de efecto invernadero…
—No me importa la moralidad —dijo Stratt [...] —Me importa salvar la humanidad. Así que consigamos algo de efecto invernadero. Usted es climatólogo. Piense en algo que nos haga resistir al menos veintisiete años. No estoy dispuesta a perder la mitad de la humanidad.
(Weir, 2021)
Tras esto, se comienza a planear la detonación paulatina de la Antártida para poder liberar el metano atrapado. Esto significaría un aumento del nivel del mar y, aunque no se ahonda en ello, el derretimiento de los glaciares, así como el de la Antártida, que equivale a un aumento de 60 metros del nivel del mar. Incluso si no se suscitara de golpe, eventualmente algunas ciudades y países se verían afectados, y —en algunos casos— llegarían a desaparecer. Y ni hablar de la flora y fauna que se perdería.
El asfaltar el Sahara causó que se desplazara por meses la temporada de ciclones, que nevara en Vietnam, que el aire ártico estuviera presente en lugares donde jamás lo había estado y que el aire tropical se extendiera en torbellinos de norte a sur. Stratt lleva al límite al planeta para mantener a salvo al asesino más eficaz de todos: nosotrxs. Y, a la par del ecocidio, Stratt se ve involucrada en un lío legal (que descarta por aburrimiento, pero al cual se presenta al juicio, por cortesía) por cometer la mayor violación de derechos de autor jamás cometida al proporcionar a la tripulación de la Hail Mary teras y teras de literatura, investigaciones e incluso un Buscaminas.
Pero, a pesar de estar hasta el cuello con demandas y crímenes, está dispuesta a salvar a la humanidad porque la ama. Su amor por su especie surgió al estudiar historia. Sabe qué es lo que pasa cuando la humanidad pasa hambrunas, conoce las guerras que conllevan, la muerte que dejan y, con ello, las enfermedades que se propagan y el sufrimiento en el que resulta.
Ama a la humanidad y es por eso mismo que está dispuesta a sacrificar lo que sea y a quien sea por un bien común. Pero sabe que eso también implica tener que pagar por los crímenes que comete y, quizás, ser recordada como villana.
Como nota personal, quisiera hacerme la pregunta de por qué Stratt fue un personaje mujer y no uno hombre.
Lo que significa ser una figura de poder
No me malentiendas al plantear la pregunta de por qué Stratt es mujer y no hombre, esta surge porque, como dije, había visto un debate en torno a la Stratt literaria y a la Stratt cinematográfica. En el libro, Stratt es siempre decidida y parece no mostrar piedad por el ambiente o las demás personas, pues su único objetivo es salvar a la humanidad; en la película, convive más con el equipo Petrova y tiene un soft spot por Grace. Lo cual, para algunas personas, al parecer, es malo.
Según estas opiniones, Stratt tiene que ser pragmática, estoica y decidida en todo momento, después de todo, así se concibe su figura en la novela. El problema radica en la sensibilidad —por llamarla de alguna forma— que tiene en la película. Como si no pudiera haber diferencias, como si ser "sensible" significara no poder estar a cargo de una misión tan importante.
En mi búsqueda de autoras de las cuales valerme para aterrizar y plasmar mis ideas, acudí a Carol Gilligan, específicamente a su libro de 1982: In a different voice. Ahí menciona que la distinción entre los roles y expectativas de hombres y mujeres ocurre desde la infancia —aunque el libro es un tanto viejo, creo que se mantiene vigente, así que heme aquí retomándolo—, provocada por el entorno social. Las mujeres, relegadas siempre a cuestiones de cuidado, se enseñan unas a otras, de forma consciente e inconsciente, que las mujeres cuidan, maternan y se preocupan por todo, causándoles un temor por mostrar competitividad; por otro lado, a los hombres se les indica que deben ser competitivos y centrados en el "yo". Entender esto plantea que:
La Stratt literaria incomoda porque se comporta como se espera que sea el comportamiento de un hombre y, al trasladarle cualidades “masculinas” a una mujer, irrumpe con la construcción del carácter maternal que, se supone, debería mostrar. Por supuesto, hay personas a quienes les gusta y cae bien la Stratt literaria por tener esos mismos rasgos y lo entiendo, después de todo, sale del molde de una mujer y de lo que se espera de esta; el problema surge —creo yo— cuando, a su vez, se presenta un malestar con su contraparte cinematográfica.
Según la discusión, la Stratt de cine queda a deber porque cumple con el estereotipo de ser una mujer que se siente mal por ejercer su poder y que se compadece por las personas a las que sus acciones perjudican. Ahora bien ¿por qué mostrar sentimientos equivale a algo malo? Yo entiendo que hay un discurso tremendo que se debe de deconstruir respecto al cómo y qué es lo que se espera de una mujer, sin embargo, propongo que las emociones no son malas ni son una muestra de debilidad, al fin y al cabo, ¿qué no el mundo está en declive por hombres centrados en el "yo" y sin mostrar un ápice de empatía por el prójimo?
The lord is with you?
[...] —Solo quería que supiera por qué estoy haciendo esto. Se lo debía.
—Váyase al infierno.
—Desde luego que lo haré, créame. Ustedes tres van a Tau Ceti. El resto de nosotros nos vamos al infierno. O mejor dicho, el infierno viene a nosotros.
(Weir, 2021)
El verdadero dilema que nos plantea Stratt, tanto en las páginas como en la pantalla, va mucho más allá de su frialdad o su sensibilidad. Nos confronta con lo que pensamos o esperamos. El mundo será salvado, pero se requiere de un chivo expiatorio para encubrir que los gobiernos se traicionarían en un instante, o que no cooperarían, y lo que horroriza es que la persona al mando sea una mujer y que esta sea una que no pida perdón, no llore o no encaje en el molde de la "fragilidad" femenina tradicional.
Exigirle a una líder que sacrifique el equilibrio ecológico para salvar a nuestra especie, pero despreciarla por no sonreír o no mostrar el remordimiento "adecuado" es el reflejo de una sociedad que sólo tolera el poder absoluto si es fálico. Por otro lado, indignarse porque su versión cinematográfica muestra compasión y grietas humanas expone el verdadero sesgo: condenamos a la mujer que ejerce la autoridad como un hombre, pero también a la que la ejerce sin perder su humanidad.
¿Y tú, qué opinas?

Nota de Sam:
Este artículo marca tan solo el inicio de un montón de futuros escritos que ahonden en Hail Mary. Hay tanto de dónde escribir que intentaré campechanear las cosas de las que quiero hablar.
¡Recomiendo el libro y la película al 100%! Dime qué opinas.
Gilligan, C. (1982). In a different voice: Psychological theory and women's development. Harvard University Press.
Weir, A. (2021). Proyecto Hail Mary (R. G. Campos, Trad.). Nova.





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