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Otoño y Scooby-Doo

9 oct
2 min de lectura
Samantha González Núñez

Aunque Scooby-Doo no tiene temporada —y lo veo de primavera a invierno una y otra vez por ser, sin duda alguna, mi caricatura favorita—, otoño me remite con más fuerza que otras estaciones a él, así que, deja te cuento un poco sobre mi relación con la caricatura. Mi crianza fue con mi abuela; mientras mis padres salían a trabajar, ella y yo existíamos en una agradable rutina. Aunque mis kindergardianas clases no comenzaban sino hasta las 9 de la mañana, mi abuela me despertaba a las 7; así, una yo medio adormilada bajaba al comedor y, mientras comía cereal o algún pan y tomaba café con leche, sintonizaba Cartoon Network y veía ¿Qué hay de nuevo Scooby Doo?. 


En primaria me despertaba 30 minutos antes, a las 6:30, porque en un acto de rebeldía le había dicho a mi abuela que me dolía un montón que me jalara el cabello y que ya no quería que me peinara. Mi madre se ofreció a hacerlo, pero yo tenía que despertar un poco antes. No estuvo mal; ahora, mientras me peinaba, yo ponía en la tele Tooncast, un canal donde pasaban sólo caricaturas viejas —o al menos esa era mi percepción; creo que Samurai Jack no era viejo, pero aún así ahí estaba—. Ahí comencé a ver reruns de la serie original de Scooby-Doo. Para este punto, cada vez que salía con mis padres les pedía ir a Blockbuster o al MixUp para que me compraran un DVD de Scooby y, así, poco a poco, me fui haciendo de una gigantesca colección.


Al llegar de clases a mi casa, comía y mientras tanto veía caricaturas en Cartoon Network. Cuando estaba en cuarto grado (2012), durante los comerciales aparecían teasers de una nueva serie, se llamaba Scooby Doo! Misterios S.A.; con las primeras dos palabras ya me tenían enganchada y, con la estética del programa, lo estaba al doble. En cuarto grado mi mamá entraba más tarde al trabajo y me podía llevar  en su coche a la escuela, lo que nos ahorraba tiempo. Eso significaba que de 6:00 a 6:30 veía Brandy y el Sr. Bigotes, de 6:30 a 7:00 Los Sustitutos y de 7:00 a 7:15 cambiaba de canal y alcanzaba a ver un pedazo de la nueva serie de Scooby-Doo. 


Y así, otoño vuelve a llegar y, aunque  Scooby no tiene temporada fija, como dije antes, vuelvo a desempolvar algunos DVDs o, si me da flojera hurgar en las cajas en las que fueron guardados, veo de forma súper legal guiño, guiño alguna otra película de Scoob. De hecho, últimamente se me ha antojado volver a ver Un cachorro llamado Scooby-Doo, quizás eso sea lo siguiente que haga. 


 
 
 

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