El cuento de la criada: ¿una predicción de lo que nos depara?
- 19 may
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Actualizado: 20 may
María Magallanes
Yo, al igual que muchísimxs lectorxs de mi generación, crecí rodeada de distopías juveniles. Después del boom de Los juegos del hambre de Suzanne Collins, parecía que cada librería tenía al menos cinco sagas sobre gobiernos autoritarios, adolescentes “únicos” y sociedades colapsadas. Muchas eran entretenidas, e hicieron que varixs termináramos desarrollando cierta fascinación por las historias que imaginan futuros horribles a partir de problemas muy reales. Debido a esto, terminé leyendo desde Un mundo feliz de Aldous Huxley hasta Annie Bot de Sierra Greer. Pero, honestamente, ninguna novela distópica me ha causado tanta incomodidad como El cuento de la criada de Margaret Atwood.
El problema en El cuento de la criada no está únicamente en la República de Gilead
Margaret Atwood construyó ese mundo distópico usando cosas que ya habían pasado en la vida real. Ella misma ha dicho varias veces que no inventó las atrocidades del libro; simplemente tomó ejemplos históricos de control, violencia religiosa y opresión hacia las mujeres, y los reorganizó dentro de una ficción.
The piece of speculative fiction that I have written is set in the future, and in the future the country has acted out in real life some of the things that are now just around as ideas in people's heads and it's always very instructive to take ideas in people's heads and try to picture what they would look like and what they would feel like if they were actually put into practice [...] All the women in this society are color-coded so that you can tell exactly who you're dealing with. And this--there's nothing in my book that hasn't already happened. It's all either from history or it's from other countries in the world or it's stuff that we have the technology for now, and this is based on the sumptuary laws in Renaissance Italy and in the dress codes under Calvinism in Switzerland. We've done it before.
La obra de ficción especulativa que he escrito se sitúa en el futuro, y en ese futuro el país ha llevado a la práctica algunas de las cosas que ahora solo existen como ideas en la mente de la gente, y siempre es muy informativo tomar ideas de la gente e intentar imaginar cómo serían y qué se sentiría si se pusieran en práctica [...] Todas las mujeres de esta sociedad están organizadas por colores para que puedas saber exactamente con quién estás tratando. Y esto... no hay nada en mi libro que no haya sucedido ya. Todo proviene de la historia, de otros países del mundo o de cosas para las que ahora tenemos la tecnología, y esto se basa en las leyes suntuarias de la Italia renacentista y en los códigos de vestimenta del calvinismo en Suiza. Ya lo hemos hecho antes.
Atwood, 1986.
Creo que por eso sigue sintiéndose tan vigente. No es una fantasía imposible, es quizás una premonición: “esto podría pasar si dejamos que ciertas ideologías crezcan demasiado”.
Conservadurismo extremo y cómo se mantiene vigente
Gilead no se edifica diciendo “queremos destruir la libertad”. Llega prometiendo orden. Seguridad. Tradición. Protección de la familia. Y ahí está el punto más fuerte del libro: muchos movimientos autoritarios no se presentan como villanos, sino como salvadores.
Uno de los temas centrales de la novela es el cuerpo femenino y cómo se concibe como un territorio político. Las Criadas dejan de ser personas y se convierten en recursos cuya única cualidad es la fertilidad.
“For our purposes your feet and your hands are not essential,” said Aunt Lydia. “Remember that.” She stood behind us in her khaki dress, serene and maternal, holding the electric cattle prod loosely in one hand. “Think of yourselves as seeds,” she said.
"Para nuestros propósitos, ni los pies ni las manos son esenciales", dijo la Tía Lydia. "Recuérdenlo". Estaba de pie detrás de nosotras, con su vestido caqui, serena y maternal, sosteniendo el arreador eléctrico con una mano. "Piensen en ustedes como semillas", añadió.
Atwood, 1985.
No vivimos en Gilead, pero es inevitable pensar en la cantidad de discusiones actuales donde las mujeres siguen siendo tratadas como símbolos ideológicos y no como personas reales; incluso con el objetivo de mantener discursos puritanos vigentes.
Dentro y fuera de la novela , las mujeres apoyan al sistema aunque las perjudique. Por ejemplo, las Tías y las Esposas dentro de Gilead son personajes importantísimos porque demuestran que el patriarcado no solo se conforma por hombres poderosos, sino también por mujeres que defienden esas estructuras e ideologías. Y ¿por qué lo hacen? Porque creen que así obtienen estabilidad, superioridad moral o una sensación de control.
“It is not easy for us,” she said. “But we are trying to help you. It is hard when men revile you. For the ones who come after you, it will be easier. They will accept their duties with willing hearts. She did not say: because they will have no memories, of any other way.”
"No es fácil para nosotras", dijo. "Pero estamos tratando de ayudarlas. Es duro cuando los hombres las injurian. Para las que vengan después, será más fácil. Aceptarán sus deberes de buena gana. Ella omitió decir: porque no tendrán recuerdos de otra manera".
Atwood, 1985.
Y sí, también ocurre en la vida real. Basta abrir redes sociales para encontrar influencers que romantizan roles ultra tradicionales y minimizan su persona a ser una incubadora.
Un fenómeno literario con toda la razón
El cuento de la criada volvió a ser relevante en un momento de cambios culturales. Pronto las imágenes de mujeres usando las túnicas rojas en protestas dejaron de verse como sólo un disfraz y empezaron a sentirse como símbolos políticos. La estética de la novela se convirtió en lenguaje visual para expresar miedo, frustración y enojo frente a ciertas decisiones gubernamentales. Y pocas distopías han logrado eso. No imagina monstruos fantásticos, sino que especula sobre lo que podría ser, y nada asusta tanto como la realidad.

Nota de María:
Tristemente, siento que internet le ha quitado un poco de peso a la novela y a la serie de televisión y las ha reducido a una retorcida estética ignorando que muchas obras de esta índole son advertencias bastante directas sobre fascismo, misoginia y la pérdida —o anulación— de derechos.
Atwood, M. (1986). Margaret Atwood discussing “The Handmaid’s Tale” / Entrevistada por Studs Terkel. Studs Terkel Radio Archive.
*Traducción de Pluma Fuente



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