Barbie en un cuento de navidad: un ejemplo del objetivismo de Ayn Rand
- 2 jun
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María Magallanes
Las películas de Barbie marcaron mi infancia. Recuerdo estar en Blockbuster y rogarles a mi papá y mamá que rentaran la película más nueva de la heroína rubia. Creo que encontraba reconfortante el hecho de que, al contrario de las películas de Pixar o DreamWorks, la trama era sencilla y las moralejas eran demasiado obvias. En las películas de Barbie siempre estaba claro quién era buenx, quién era malx y qué aprendizaje te debías llevar al final.
Sin embargo, eso cambió en el 2008, cuando, una tarde, caminaba por el mercado y, en un puesto de películas piratas, vi la nueva cinta de mi muñeca cinematográfica favorita: Barbie en un Cuento de Navidad. Aunque hoy en día ya no compro películas piratas, en ese momento hice un berrinche gigantesco, y mi abuela terminó comprándome la película.
Yo no sabía nada sobre Cuento de Navidad de Charles Dickens. No sabía quién era Scrooge ni entendía realmente de qué trataba la historia original. Mi primer acercamiento a Dickens fue Barbie usando vestidos rosas y cantando canciones navideñas medio olvidables. Pero, aun así, hubo algo de esa película que se me quedó pegado de una manera rarísima.
En una escena antes de redimirse, Eden Starling, la protagonista, dice una frase que todavía recuerdo a la perfección:
En un mundo egoísta, el egoísta gana.
Es claro que la película intenta demostrar que esa frase está mal. Toda la trama gira alrededor de cómo Eden aprende a preocuparse por lxs demás y deja de tratar a las personas como si fueran objetos que existen para ayudarla a triunfar. La moraleja final es la típica moraleja navideña: compartir es bueno, pensar sólo en ti mismx te vuelve miserable y, al final, la bondad es más importante que el éxito.
Pero, honestamente, la frase fue mucho más memorable que la lección. Creo que se me quedó tan grabada porque, incluso de niña, entendí que tiene algo de cierto. Unx crece y se da cuenta de que, muchas veces, la persona egoísta sí gana. Gana la gente que es cruel en su trabajo, gana la gente que pisa a otrxs para avanzar más rápido, gana quien sólo piensa en sí mismx mientras todxs lxs demás intentan ser “buenas personas”.
Años después, descubrí quién era Ayn Rand y leí sobre el objetivismo, que, en líneas generales, convierte esa frase de la película en una filosofía completa. Rand defendía el egoísmo racional: la idea de que una persona debería pensar primero en sí misma y que sacrificarse por otrxs no necesariamente te hace mejor. Según ella, la sociedad castiga a la gente exitosa haciéndola sentir culpable por querer más dinero, más reconocimiento o más poder.
Y, aunque es evidente que Barbie en un Cuento de Navidad no fue hecha para enseñar el objetivismo, siento que, sin quererlo, toca muchos elementos de dicha filosofía. Eden Starling es egoísta, sí, pero también es independiente, ambiciosa y vive obsesionada con su trabajo. Ella cree que las emociones estorban y que preocuparte demasiado por otrxs sólo te vuelve débil. Y, aunque la película termina castigando esa perspectiva, también deja claro que Eden llegó a ser exitosa precisamente por comportarse así.
Creo que ahí está lo interesante. La película quiere decirte que el egoísmo está mal, no obstante, al mismo tiempo, reconoce que el mundo suele recompensarlo.
Esto pasa muchísimo en la vida real. Vivimos en una cultura donde todxs dicen que la empatía es importante al mismo tiempo que se admira muchísimo a la gente fría, competitiva y obsesionada con el éxito. Hay toda una idea moderna de que, para triunfar, tienes que dejar de preocuparte tanto por lxs demás, poner límites todo el tiempo y priorizarte a cualquier costo.
Y no digo que eso sea malo por completo. Parte de crecer también es entender que, si nunca piensas en ti mismx, la gente puede aprovecharse de ti. Mas existe una diferencia enorme entre cuidarte y convertirte en alguien incapaz de sentir empatía por otrxs.
Por eso, la frase sigue siendo tan incómoda.
Porque no está totalmente equivocada.
Resulta muy deprimente darte cuenta de que muchas personas egoístas sí terminan obteniendo lo que quieren. Y creo que por eso me impactó tanto escuchar esa línea en una película infantil. En general, las películas para niñxs intentan simplificar la moral: si eres buenx, te irá bien; si eres malx, terminarás solx. Pero la vida real no funciona así todo el tiempo.
Quizá por eso todavía recuerdo esa frase casi veinte años después (aunque no podría cantar ni una sola canción completa de la película).
Y, aun así, algo curioso es que sigo prefiriendo el mensaje final de la película antes que la filosofía de Ayn Rand. Aunque la persona egoísta muchas veces triunfe, creo que vivir pensando únicamente en ti mismx también termina volviéndote una persona horrible. Tal vez no pierdas dinero ni poder, pero sí pierdes la capacidad de formar una conexión real con otrxs.
Al final, es probable que Barbie en un Cuento de Navidad sólo quería ser una película navideña para niñas pequeñas. Pero terminó dejándome una de las ideas más incómodas que escuché en mi infancia. No la lección sobre compartir ni la importancia de la Navidad, sino esa otra frase mucho más fea que la película intentaba destruir y que, sin querer, terminó haciendo imposible de olvidar.



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