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Una montaña rusa de la cual no vamos a querer bajar

  • hace 2 horas
  • 3 Min. de lectura

María Magallanes


Este 2026, la suerte está del lado de esta humilde seguidora del teatro musical: por fin tenemos en México una producción profesional de uno de los musicales más frescos, irreverentes y melancólicos de los últimos años. Hablo, por supuesto, de Ride the Cyclone, una obra que se estrenó en 2008 en Columbia Británica, Canadá, y se consolidó en circuitos como el Festival Fringe antes de llegar a producciones más grandes en Estados Unidos. Desde entonces, no ha dejado de resonar entre lxs amantes del teatro y, ahora, para quienes quieran lanzarse a verla, está en el Teatro Xola los martes desde el 21 de abril hasta el 23 de junio.


Este musical sigue a un grupo de adolescentes que, por azares del destino, muere en un accidente a bordo de la montaña rusa llamada Cyclone. A partir de ahí, quedan atrapadxs en una especie de limbo medio extraño donde una máquina adivina les da una propuesta: unx de ellxs puede volver a la vida.


Para decidir quién, cada unx tiene que contar su historia mostrando quién era realmente, qué quería y qué se quedó sin decir. Y ahí es donde la obra se pone tan divertida como devastadora, porque pasa de lo absurdo a lo íntimo sin pedir permiso, casi sin darte tiempo de procesar nada, pero, aun así, te pega en el corazón. Además, cada personaje tiene su propia canción, lo cual permite que cada historia brille con una identidad muy particular. En lo personal, opino que la mejor canción es la de Noel por el simple hecho de que encapsula perfectamente ese tono entre lo trágico y lo exagerado que define a la obra.


Algo interesante que debo mencionar es que Ride the Cyclone forma parte de algo más grande. Sus creadores, Jacob Richmond y Brooke Maxwell, han concebido esta historia dentro de lo que planean que sea la Trilogía de Uranio (Uranium Teen Scream Trilogy), que lleva en su título el nombre del pueblo ficticio en el que viven estos personajes. Esta trilogía comienza con Legoland y continúa con Ride the Cyclone expandiendo un universo que, aunque absurdo y excéntrico, está profundamente atravesado por preguntas sobre la identidad, el azar y el sentido de la vida, pero también por ese tipo de humor raro ante el cual no siempre sabes si reírte o incomodarte.


Legoland, la primera obra de teatro de esta trilogía, toma lugar un año antes de los eventos que ocurren en Ride the Cyclone y se conecta de una manera importante que no mencionaré porque no quiero spoilear, pero que definitivamente añade otra capa de lectura para quienes decidan adentrarse más en este universo. Tristemente, la tercera parte de esta trilogía aún no tiene fecha de estreno. Sin embargo, se espera que sea algo completamente nuevo dentro de este universo; y, quién sabe, quizá volvamos a ver a cierto personaje funcionar como conector entre las historias. Pero no diré más porque, de nuevo, ¡spoilers!


Yo, personalmente, no llego a este musical en ceros y es probable que, aunque no la hayan visto completa, muchxs ya tengan algún acercamiento a ella gracias a que la canción “What the World Needs” se volvió bastante viral en TikTok hace unos años.


También quiero mencionar que un aspecto de este musical que siempre me ha atrapado es cómo logra que te encariñes con sus personajes en muy poco tiempo. Mi favorita, sin duda, es Constance. Hay algo en su vulnerabilidad y en su forma tan honesta de mostrarse que la hace profundamente entrañable y wholesome en el mejor sentido de la palabra, lo cual contrasta de forma muy bella con el caos que la rodea.


En esta nueva producción mexicana, el ensamble reúne a varias caras reconocidas dentro del teatro musical: Alain Peñaloza, ganador de un ACPT; Yeyo Enríquez, ganador de un Premio Metro; asimismo, contamos con Farah Justiniani, Ixchel Ragüe, Tania Dávila y Lorenzo López, quienes conforman un elenco que, en papel, promete muchísimo.


Todavía no veo la adaptación mexicana, pero las expectativas están altas. Muy altas. Y considerando el material con el que trabajan, el universo tan particular que propone y el talento involucrado, todo apunta a que esta será una de esas experiencias que no sólo entretienen, sino que también se quedan dando vueltas en la cabeza mucho después de que baja el telón. Ride the Cyclone es justo eso: una montaña rusa emocional de la que, honestamente, no vamos a querer bajar.

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